
Un espacio cálido, acogedor y a priori propicio para que Rafa Nadal continuara con su dominio en el tenis actual. Pero justo ahí empezó el ascenso de Roger Federer, o su resurrección mejor dicho, y el camino de espinas para el número uno del Mundo. Su rodilla le gritaba desde hace meses que le diera un respiro, pero Nadal quiso aguantar todo lo que pudo porque el calendario se lo exigía, y la defensa de los puntos ATP suponía un duro reto para él.
Y al contrario que Nadal, Federer había empezado el año con mal pie. Su derrota ante el mallorquín en Australia fue un varapalo psicológico que le perjudicó durante los siguientes torneos. Cayó en semifinales del Indian Wells, Miami y Roma, y no pudo pasar de segunda ronda en Monte Carlo. Pero el Masters de Madrid supo que era su oportunidad. Su máximo rival, aquel que le tenía comida la moral, jugaba en casa y no estaba en su mejor momento. La victoria significó más que no ver otra vez a Nadal rebozarse en la tierra, todavía más que decirle al Mundo que seguía vivo: había recuperado toda la confianza perdida.
Y rubricó su resurrección alzando su 14º Grand Slam tras el KO del rey de la tierra batida en París. Le arrebató el trono a Nadal en la capital francesa, donde más le podía doler. Rafa, tan humilde como de costumbre, reconoció que alguna vez tenía que ocurrir. Pero la acelerada recuperación del tenista suizo era directamente proporcional al dolor que sentía en su rodilla.
Quizás muchos sigamos sin créernoslo, pero Nadal no es tan fuerte psicológicamente como pensamos. Sigue siendo un joven de 23 años que está acostumbrado a ganar desde muy pequeño. La derrota en Roland Garros seguro que fue el día más horrible de su carrera deportiva. Y ahora no le responden dos de las cualidades que le han llevado a ser lo que es: su fortaleza física y su cabeza. Lo primero es recuperarse totalmente de la rodilla, y una vez que vuelva a sentir total seguridad en la pista volverá a fortalecer su mente. Deberá, sin embargo, hacerse fuerte estos meses: Federer volverá a conquistar Wimbledon, recuperará el número uno y le esperará en la final del US Open como una moto.


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