El escándalo O.J. Mayo

De los playoffs de la NBA no es de lo único que se habla estos días en Estados Unidos. Una de las estrellas universitarias (no sé si el haber estado un año jugando al baloncesto en una universidad permite usar ese adjetivo), que estará entre las primeras elecciones del Draft, se ha metido en un berenjenal. Las reglas de la sacrosanta institución atlética universitaria, la NCAA, son muy exigentes. Lo son tanto que son sus directivos los que tienen la potestad de decidir quién participa en el tremendo negocio que tienen montado.
O.J. Mayo, a la sazón la estrella, decidió en su día anticipar la buena vida que le espera en cuanto firme su primer contrato profesional, y aceptó una serie de regalos (pasta gansa y unos cuantos electrodomésticos de los que ayudan a hacer la vida más agradable) de un fulano que, a su vez, ponía la mano para que una agencia de deportistas con previsión de futuro se la untase. Sorpresivamente será la misma agencia la que represente a Mayo en el Draft.






Uno de los acontecimientos más importantes de la temporada deportiva en los Estados Unidos es el March Madness, o locura de marzo que diríamos nosotros. Los mejores equipos de baloncesto universitario del país (los que se encuentran integrados en la División I bajo la tutela de la NCAA) se disponen a dilucidar cuál de ellos es el número uno y lo hacen en cuestión de un mes. El calendario está repleto de enfrentamientos en el que el espectáculo está dentro y fuera de la cancha y medio país sigue la competición por televisión. 

