Escándalo arbitral en la NBA

Cuando en el descanso del tercer partido de la final de la NBA ha aparecido Stuart Scott, el conductor del programa de televisión de la final, con gesto perturbado, sólo cabían dos posibilidades: o que a Paul Pierce le habían suspendido a perpetuidad por la broma del otro día, o que teníamos alguna movida de esas que de vez en cuando hacen fruncir, en privado, el entrecejo al comisionado Stern. Ha sido lo segundo.
El escándalo de las apuestas, en el que se vio envuelto un árbitro diagnosticado de ludopatía en grado extremo, y en el que andaba la mafia de por medio, tiene su segunda parte, porque el apostador ha resultado ser todo un “garganta profunda”. Tim Donaghy está a la espera de sentencia en el caso de las apuestas pero ha decidido morir matando.
Mark Cuban, el dueño de los Dallas Mavericks, es un tipo peculiar que siempre tiene las ideas muy claras. El otrora magnate de la informática no se corta cuando tiene que atacar a los árbitros a pie de cancha o cuando pontifica desde su blog. En una de las últimas entradas del mismo, y como antiguo alumno de la Universidad de Indiana, se lamenta del reciente episodio que ha terminado con 
