¿Esto no es tarjeta roja?

Me sigue llamando poderosamente la atención el distinto rasero que tienen los árbitros para sancionar a según qué tipo de jugadores. Si hace poco veíamos como una jugada similar llevó a Cristiano Ronaldo al banquillo más dos partido de suspensión y a Messi a no ser sancionado, el sábado Messi protagonizó una jugada bastante fea, igual que la entrada de Cristiano a Juanma Ortiz hace dos meses, pero a Cristiano le sacan la roja por la que sólo le sacaron amarilla.
Sé que comparar jugadas es algo bastante ambiguo, pero si nos ceñimos al reglamento, Messi no tiene oportunidad de jugar el balón y suelta una patada sin sentido por detrás, en la que sólo puede hacer daño al contrario, eso es roja, sin discusión, pero cuando este tipo de jugada la hace un jugador como Messi parece que hay otra forma de medir las cosas.
La cuenta atrás para que el Barcelona alcance su particular cuadratura del círculo ha comenzado. Y ha comenzado como debe: con Guardiola 
El gesto de Iraizoz cuando vio que el balón que acababa de picar Leo Messi escorado en el área pequeña fue el gesto de la impotencia de quien se enfrenta a un equipo netamente superior. Si el
La llegada de Zlatan Ibrahimović al Barça ha solucionado un problema, pero todo hace prever que se han generado uno quizá más problemático: el del nivel salarial de las estrellas.
Dicen que el órden de los factores, en determinados casos, no altera el producto. En el caso del Barça sí. El verdadero triplete está formado por Guardiola, Iniesta y Messi. En ese orden. Cualquier alteración, por mínima que fuera, se transformaría el otro producto. Quizá parecido, quizá mejor, quién sabe, pero, a la postre, diferente.
Pues al final va a ser verdad que
En el mundo del fútbol hay dos conceptos de jugador. Uno el que puede representar, por ejemplo, Cristiano Ronaldo, que a principios de septiembre sacó a relucir su prepotencia asegurando merecer el balón de oro
Todo el espectáculo que se nos había anunciado a bombo y platillo, todo el fútbol que confiábamos en ver durante los 90 minutos del Barça-Atlético acabó condicionado por dos factores: la incomparecencia del Atlético de Madrid, y los 45 minutos más completos de los culés de los últimos años.
