Escándalo arbitral en la NBA

Cuando en el descanso del tercer partido de la final de la NBA ha aparecido Stuart Scott, el conductor del programa de televisión de la final, con gesto perturbado, sólo cabían dos posibilidades: o que a Paul Pierce le habían suspendido a perpetuidad por la broma del otro día, o que teníamos alguna movida de esas que de vez en cuando hacen fruncir, en privado, el entrecejo al comisionado Stern. Ha sido lo segundo.
El escándalo de las apuestas, en el que se vio envuelto un árbitro diagnosticado de ludopatía en grado extremo, y en el que andaba la mafia de por medio, tiene su segunda parte, porque el apostador ha resultado ser todo un “garganta profunda”. Tim Donaghy está a la espera de sentencia en el caso de las apuestas pero ha decidido morir matando.
Parece ser que el desequilibrio competitivo entre las dos conferencias en las que está dividida la liga ha hecho recapacitar a los directivos de la NBA. Durante todo el año se ha podido comprobar el desequilibrio competitivo, y a título de ejemplo podemos mencionar que los Golden State Warriors se ha quedado fuera de las eliminatorias por el título a pesar de haber ganado 48 partidos, 11 más que los Hawks, el octavo cabeza de serie del este, y los Suns y los Spurs se han visto enfrentados en primera ronda habiendo ganado ambos 55 partidos en la liga regular.
