Lo que desgraciadamente también es fútbol

Hace poco comentaba a propósito de la película Invictus la grandeza del deporte y su poder de arrastrar masas y unir a una nación. Algo que bajo la firma hollywoodiense emociona, pero que aplicando cierto sentido común sociológico, asusta y bastante.
El pánico viene en pequeñas dosis, y muy dolorosas. Así, Vigo escuchaba en la oscuridad previa al partido de Copa del Rey entre Atlético y Celta como a un chaval de 17 años “le estallaron una litrona en la cabeza; como lo patearon en el suelo entre gritos de ‘Sieg Heil’ y ‘Heil Hitler’”
Hubo un tiempo en el que el buen aficionado del Real Madrid se sabía la alineación de su equipo de memoria. Quizá muchos recuerden a partir de hoy la alineación de la vergüenza: Dudek, Arbeloa, Albiol, Metzelder, Drenthe, Diarra, Guti, Granero, Van der Vaart, Raúl, Benzema, Gago, Marcelo y Van Nistelrooy. Ellos, con Manuel Pellegrini en el banquillo fueron los encargado de hacer realidad el sueño de otro grupo de jugadores, los del Alcorcón que ejerciendo de futbolistas (algo que los de Madrid no hicieron) golearon y humillaron al proyecto más faraónico de la historia del fútbol. El 4-0 encajado en el estreno de la Copa del Rey por el Madrid es, desde luego, algo histórico.
El ejercicio de entrega y pundonor del Athletic se consumió en poco más de 20 minutos. Ese fue el tiempo que duró el sueño de los lenoes de San Mamés y de buena parte de la grada de Mestalla. El
Si hace unos días argumentaba que
Cuando la grada invadió el campo mientras el colegiado pitaba el final del partido, el sabor del fútbol añejo nos invadió a todos. El Athletic era finalista de la Copa del Rey. Habían pasado 24 años y San Mamés se convirtió en una fiesta de las grandes. Una fiesta espectacular. Una fiesta de Bilbao….
90 minutos separan a Mallorca o Barcelona y a Athletic o Sevilla de la final de la Copa del Rey. 90 minutos de fútbol, de tensión y de reválidas para olvidar, en buena parte de los casos, que momentos pasados siempre fueron mejores. Quizá por eso, para quitar esos sinsabores que en ocasiones da el fútbol, en Sevilla y en Mallorca se ha recurrido a similes gastronómicos.
Quizá muchos esperaban que la segunda semifinal, la que jugaron el jueves el Barcelona y el Mallorca se saldara con una goleada propia de la situación de unos y otros en la Liga. No fue así. Cierto que el Barcelona dejó prácticamente sentenciada la eliminatoria, pero el Mallorca demostró que con el paso de la temporada, los culés han perdido cierto grado de frescura. Lógico.
¿Cuánto se pagará en la reventa por una entrada para el partido que el próximo 4 de marzo se jugará en San Mamés? Mucho, eso seguro, y no sólo porque estemos hablando de Bilbao. El Athletic tendrá su particular cita con la historia en poco menos de un mes. Obligado a marcar tras el 2-1 de Sevilla, el conjunto rojbilanco apostará por una noche histórica (de esas a las que en más de una ocasión se ha agarrado el Barça) para regresar muchos años después a una final de la Copa del Rey: su competición por antonomasia.
180 minutos tiene el Atheltic de Bilbao para que la historia le vuelva a reservar una noche de gloria. 180 minutos para acceder a una final de la Copa del Rey demasiados años después. 180 minutos para demostrar que la filosofía de San Mamés está más viva que nunca. 180 minuto para dejar claro que en el fútbol, pese a los que muchos creen, el dinero, los fichajes y las estrellas no lo es todo. 180 minutos para que media España sea, al menos por unas horas del Athletic. 
