Bernie Ecclestone fan de Adolf Hitler

No es nada abstracto, ni un modo de hablar o de captar su atención. La máxima autoridad en Fórmula 1 se ha levantado con la necesidad de revelar al mundo su simpatía hacia los regímenes totalitarios (igual que usted le dice a su vecino que le encantan los helados de fresa). ¿Se puede caer más bajo?
¿Será una cuestión de edad? Quizá sus 78 años influyan algo, al igual que hace unos meses escuchábamos a Sean Connery decir que no está mal azotar de vez en cuando a su mujer. Asusta mucho que gente con poder, que tiene a su servicio a tantas personas, declaren semejantes intenciones.

La locura en la que se ha transformado esta temporada la Fórmula 1, en la que los cambios de reglamentación, las rectificaciones y las interpretaciones normativas realizadas por las diferentes escuderías, amenaza con rozar el absurdo. McLaren, después de las trampas y 
Bernie Ecclestone, el patrón de la fórmula 1 es el típico personaje que no sabes muy bien si te cae bien o mal. Su pelo desaliñado, su moreno artificial y sus siempre ruidosas declaraciones hacen que se quede en una especie de limbo a la espera de una actuación posterior que le condene al cielo o al infierno. 
Lo bueno que tiene ser el magnate de cualquier empresa, por grande o pequeña que sea, es que puedes decir cualquier cosa sin temor a las críticas. Al menos sin temor a las represalias ya que críticas siempre habrá. 
