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He de comenzar este artÃculo utilizando las palabras que mi compañero de Blog de Cine, Jesús León, en su crÃtica sobre la última pelÃcula de Clint Eastwood, Invictus: “sobresaliente el trabajo en las escenas de los partidos, plenas de emoción incluso aunque no guste el rugby”.
Si bien la pelÃcula puede adolecer de ciertos errores en lo cinematográfico (de los que se hablan mucho más en profundidad en la mencionada fuente), en lo deportivo nos encontramos con un acercamiento más que interesante al mundo del rugby.
Más que el factor humano, yo lo llamarÃa el factor Oliver y Benji. Una estructura en lo deportivo que engancha, contándonos como unos perdedores se estrellan y van superando obstáculos, ante selecciones mÃticas: Australia, Samoa, Francia y como no, los poderosos All Blacks. Todo con una disección poética del rugby, que los que siguieron el Mundial de Sudáfrica de 1995 conocen.
El tratamiento de las melés, y otros aspectos del juego, más lo más importante, la pasión que inspira, su poder de unión nacional (que particularmente a mi me asusta mirándolo desde otra perspectiva más social) ponen la carne de gallina.
El aspecto deportivo se utiliza a menudo por los teóricos de cine para ilustrar como se deben administrar los tiempos en una pelÃcula, en este caso es una realidad literal, una traducción a nuestro lenguaje, que los amantes del rugby, y del deporte, no han de perderse.
ConocÃa ya la frase con la que despido este post: “Si el fútbol es un juego de caballeros jugado por bestias, el rugby es un juego de bestias jugado por caballeros“.
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