Todo lo contrario. Yo creo que somos nosotros los que nos cansamos de ver a Rafa Nadal ganándolo todo. Y no en el mal sentido de la palabra, ojo. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a ello, a verle morder los trofeos, a verle deshacerse de sus rivales con un ritmo vertiginoso, sobreponiéndose a las pocas dificultades que a simple vista parece sufrir en pista. El tenista mallorquín ha dejado claro después de conseguir su cuarto título en Roma que “todas las victorias saben a la primera vez“.
¿No le damos la importancia suficiente? Quizás. Pero es que las contínuas victorias del tenista balear nos crean un problema y de los gordos. No encontramos adjetivos, epítetos ni sinónimos en el diccionario para describir lo que está haciendo este hombre de 22 años. Ni siquiera sus rivales cuando les toca felicitar al campeón saben lo que decir. Al menos, Novak Djokovic tiene algún recurso para transformar esta rutina.
Además, Nadal sigue consechando récords y números que le etiquetan como el futuro mejor tenista de la historia. Ya ha superado a Roger Federer en número de Masters 1000 conseguidos, y se coloca a dos del récord de Agassi. También de récord son sus cifras en el circuito ATP, sin olvidar su porcentaje de victorias en tierra batida, con más de un 90%.
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