Nacieron con la intención de emular, en pequeño, a los Premios Nobel y reconocer a las personas más importantes en varias materias, pero amenazan con convertirse en el saco roto en el que todo vale. Especialmente en el caso de los deportes, que es el que nos interesa. Hablamos, cómo no, de los Premios Príncipe de Asturias.
A pesar de que los reconocimientos de la categoría de deportes no se concederán hasta el próximo mes de septiembre, las primeras candidaturas ya han comenzado a aflorar y, entre todas, destaca la de Pep Guardiola. Su nombre ha saltado a la palestra poco tiempo después de que fuera propuesto al jurado. Su condición de técnico mediático le ha valido una candidatura que, de confirmarse, llenará muchas páginas de prensa.
¿Merece Guardiola un premio de semejante altura? Creo que no. Qué méritos ha completado siquiera para que sea aceptado. ¿Quién ha tenido semejante idea de proponerle? Sus defensores dicen que está considerado como uno de los jugadores más carismáticos de la historia reciente del club. ¿Y Raúl? ¿Y Urzaiz? ¿Y Torres? La lista es innumerable.
A prior se concede a aquella persona o personas o institución que además de la ejemplaridad de su vida y obra haya conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo de manera extraordinaria al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes. Pues eso, que esos requisitos los cumplen cientos de deportistas con muchos más méritos que Guardiola. Él mismo lo sabe y su respuesta ha sido la más lógica: “Gracias, pero que se lo den a otro”. Caballero hasta la extenuación.
¿Cuál es el problema? Pues el propio desprestigio que los propios premios se han ido cosechando a lo largo de los años. Ejemplo: Fernando Alonso lo ganó antes que Schumacher; Rafa Nadal es el único tenista masculino que lo ha ganado; Sito Pons lo ha ganado y Angel Nieto no; el mismísmo Tour de Francia fue galardonado en 2003.
Pues eso, que como en Eurovisión parece que se ha abierto la veda a persentar a cualquiera que haya conseguido algo. Además que este año tendría que haber muy pocas dudas. Sólo por evitar comparaciones odiosas, y después de que la selección española de baloncesto lo ganara en 2006, quizá los chicos de Aragonés se merezcan el reconocimiento. O no.
Foto | Sportyou


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