Estados Unidos dicen que es el país de las oportunidades. Millones de personas han emigrado de todo el mundo hasta tierras americanas en busca de una segunda oportunidad que muchos han encontrado. Otros, sin emigración de por medio, también disfrutan de una segunda oportunidad de la mano de la administración estadounidense: son algunos de los veteranos de guerra que, de héroes militares, pasan a ser héroes deportivos.
No es negativa la reconversión (más bien todo lo contrario), sino el uso que de estos deportistas reconvertidos a base de morteros, hace en ocasiones la prensa y el gobierno americano. Política pura y dura. Es como si trataran de demostrar que la guerra, de una u otra manera, es positiva para el país.
Mientras miles de familias sufren la pérdida de sus seres queridos, los responsables deportivos del país parecen omitir el porqué de sus limitaciones físicas: “Su extraordinaria forma física y tenacidad son muy aprovechables para el deporte. Además, ellos se sienten bien defendiendo a su país en otros ámbitos. Es una rehabilitación corporal y psicológica”, dice el responsable del Comité Paralímpico estadounidense Charlie Huebner.
La realidad es que los estragos de guerras como la de Afganistán o Irak, además de otros conflictos, han multiplicado la nómina de deportistas paralímpicos y, en Pekín, muchos son los que compiten por unas medallas mucho más pacíficas que las que lucen en sus trajes verdes. Un total de 24 veteranos de Irak, compiten en la cita china.
A diferencia de otros paralímpicos, los estadounidenses juegan con ventaja. Partiendo de que el varapalo moral se antoja casi imposible de superar, lo cierto es que la forma física de un grupo de militares de élite convertidos en efectos colaterales de las guerras de Bush superan, en ocasiones, a las de deportistas sin minusvalías.
Con un programa especial diseñado para mayor gloria de los caídos en el campo de batalla y argumento perfecto para replicar a los contrarios a la guerra, los primeros récords mundiales ya han caído y los metales dorados será cuestión de tiempo.
Vía y foto| RTVE


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