
No se esperaba el equipo londinense de Avram Grant llevarse un botín tan valioso de Anfield, y menos después del partido que se marcaron todas sus estrellas. Ni Drogba, ni Ballack, ni Lampard, entre otros, estuvieron a la altura de una semifinal de Liga de Campeones. Que del Chelsea sólo destacaran Ricardo Carvalho y Petr Cech resume con claridad el papel de los blues en la ciudad de los Beatles.
El Liverpool comenzó el encuentro apagado, como lo hizo ante el Arsenal hace dos semanas. Pero la energía de Anfield encendió las luces de los de Rafa Benítez, que a partir del primer cuarto de hora del encuentro fueron fieles a su fútbol para humillar en todos los aspectos a la multimillonaria plantilla del Chelsea. El tulipán Kuyt se encargó de noquear psicológicamente a los londineses con un tanto en el 43’, pero en el descuento del partido, Riise mandó su despeje al fondo de las mallas de Pepe Reina devolviendo la esperanza al Chelsea de viajar a Moscú.
El mayor pecado del Liverpool fue dejar con vida al Chelsea cuando lo tenía a punto para la estocada. Torres, Gerrard, Babel y Kuyt tuvieron el 2-0 en sus botas, pero un buen partido del guardameta Cech dejó deambulando las pocas esperanzas que el Chelsea presumía tener en este encuentro.
Los blues recogieron del tapete de Anfield sus cenizas después de la barrida del Liverpool, intentando rascar un inmerecido resultado ante un Liverpool dominador pero con la pólvora mojada. Y a lo tonto, un centro sin peligro desde la banda izquierda de Malouda se topó con Riise, que en su intento de despejar el balón acabó dándole la vuelta a un partido de claro color rojillo.
Un inmerecido resultado que se lleva el Chelsea de Anfield, ya que los londinenses hicieron muy poco para llevarse tanto premio. Un autogol del noruego del Liverpool les coloca con un pie en la final de Moscú, ya que ahora el Spanish Liverpool deberá ganar o empatar a más de un gol en Stamford Bridge si quieren llegar a su tercera final de la Champions de los últimos cuatro años.
Foto | El País

