El efecto placebo del Zenit

Luis J. Ruiz 11 de diciembre de 2008 0 comentarios

Raúl Zenit San PetesburgoEn apenas 48 horas, desde que Pedja Mijatovic le invitó a tomar un café, la vida de Juande Ramos ha dado un giro extraordinario. Del paro ha pasado al banquillo del Real Madrid y, desde él, ha visto uno de los partidos más cómodos para los blancos de la presente temporada.

El Zenit fue el particular efecto placebo del Real Madrid. Mejoraron los síntomas del enfermo pero, eso sí, ante el rival más frágil de todos a los que ya se ha enfrentado. Un equipo limitado, ausente y carente de cualquier mordiente. Justo lo que necesitaba una plantilla que rozaba el histerismo.

Ni la presencia de Arshavin, ese jugador hábil y peligroso que nos cautivó en la Eurocopa y que podría acabar en el conjunto blanco, ni la ristra de lesiones que acompaña a los de Chamartín, fueron suficientes para poner en peligro una victoria que sirvió para el reencuentro entre afición y equipo. La fiesta fue, pues total.

Más allá del resultado, toda vez que el Madrid ya estaba clasificado, el interés del choque pasaba por ver qué cambiaría Juande Ramos. El gran perjudicado, al menos de momento, fue Iker Casillas, que regresó al banquillo en beneficio de Dudek, que amenaza ahora el reinado del de Móstoles. Habrá que ver qué pasa este fin de semana.

Retocó el esquema, dando más criterio y consistencia al juego del equipo con cuatro hombres en el centro del campo, apostó por las bandas y desde una de ellas, desde la de Robben, como no, ganó el partido. El holandés reventó una y otra vez a un Zenit pusilánime. El objetivo era cargar las pilas de moral. Y lo hicieron con un 3-0 en el que los golazos de Raúl (que hizo dos) y el del propio Robben hicieron olvidar a la grada los numerosísimos disgustos acumulados. Ahora toca el Barça.

Foto | UEFA

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