
España estará en la final del próximo domingo ante Brasil en el Mundial de fútbol sala 2008. Hasta aquí es la información estricta y verídica. Lo que ha dado de sí el partido es otro cuento, sobre todo en los últimos seis segundos del encuentro, seguramente los más eternos de la historia del fútbol sala. Un final que caminó entre la tensión y el surrealismo y que tuvo que examinarse al dedillo.
La pequeña Brasil, enfundada con la chamarra azzurra (la expedición italiana está compuesta por brasileños nacionalizados), tuvo un protagonista: Foglia. El ‘10’ de los de Alessandro Nuccorini empató el encuentro en primera instancia y se erigió como el mejor de los transalpinos. Pero su gol en propia meta coincidiendo con la bocina final sirvió para sellar el billete para la finalísima a España.
Lejos de dar coba a unos personajes que estuvieron a punto de cometer una injusticia, lo cierto es que los árbitros del encuentro sufrieron la presión del ‘casi’ anfitrión, que se consumían con la derrota. Un final de auténtico fotofinish donde las décimas de segundos ejercieron su papel protagonista. En este caso, con una alegría para España.
El gol in extremis fue protestado por la selección italiana y gran parte del Maracanãzinho, que sucumbió en el silencio tras la ‘burla’ final protagonizada por el cuarteto arbitral y la picardía de los italianos. La seriedad defensiva de los hombres de José Venancio y la labor ejercida por todos los integrantes del equipo llevó a España a una nueva final mundialista en busca de su tercera corona. La final esperada ya es un hecho.
Brasil esperará a la única selección que a estas alturas puede plantarle cara con el apoyo de su público, que construirá un auténtico infierno para los nuestros. La canarinha lo hizo, porqué no nosotros. Batirles en casa es posible. Silenciar de nuevo el Maracanãzinho es el reto que intentará alcanzar España el próximo domingo.
Foto | FIFA


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