2008: El año que el futsal español rozó la enésima gesta

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Y Brasil enmudeció. El silencio pudo con la fiesta, la samba y cualquier rasgo de un pueblo, el brasileño, acostumbrado a ser elevado a los escalones más elevados en cuanto al fútbol sala se refiere. Era su Mundial; al menos así tenía que serlo. Jugaba en casa, un punto más a su favor. Y la cosa pintaba de maravilla.

Las victorias y el llamado jogo bonito le permitieron acercarse a la final sin demasiado sufrimiento. Tan sólo le faltaba un último peldaño para acceder a lo más alto. Italia y España se jugaban el otro puesto de honor en la final. Todo parecía en el aire, cuando Foglia abrió la puerta a ‘la roja’. Mala pata, pensaron los brasileños. Razones no les faltaban.

La cuadrilla de Venancio López se presentaba al Mundial con un currículum impecable. Ganadora de 6 torneos internacionales en los últimos 12 años, España partía como una de las favoritas para intentar alzarse con su tercera corona mundialista consecutiva. ¿Una proeza? Para cualquiera, quizá. Para la selección nacional, un nuevo reto en el camino.

En 2004, España tomó China – Taipei y se alzó con el Mundial ante Italia (2-1). La roja repetía el éxito cosechado cuatro años antes, cuando el combinado español superaba a Brasil en Guatemala (4-3). Hazañas que repetía en los campeonatos Europeos.. Desde 1996, la selección consiguió tres títulos continentales, afianzando su supremacía.

Con tal envidiable currículum se presentaba España a una nueva cita con la historia. 2008 podía ser el año de la confirmación; de la superación si cabe. Una fecha en la que, de conocer la victoria, significaría el tercer Mundial consecutivo. Venancio, se llevó a 14 gladiadories, una mezcla de veteranía y juventud que rebosaba calidad, ilusión y talento. Luis Amado, Ortiz, Torras, Eseverri, Fernandao, Álvaro, Kike, Andreu, Borja, Marcelo, Juanjo, Cristian, Daniel y el incombustible Javi Rodríguez eran los encargados de regresar con el trofeo bajo el brazo.

España cerró una buena primera fase. Del susto inicial, con empate ante Irán incluído (3-3), los partidos de la roja se contaban por victorias. Libia, la República Checa y Uruguay cayeron ante el buen juego de los nuestros; la misma tónica que marcó su quehacer en la siguiente ronda. Los de Venancio superaron a Rusia (5-2), sufrieron ante Argentina (2-1) y remataron la faena frente a Paraguay (4-1). Las semifinales estaban servidas.

Italia, verdugo de la selección en el Europeo de Pescara en 2003, les esperaba. Un partido difícil, más teniendo en cuenta que los transalpinos, con todos los jugadores nacidos en Brasil, jugaban en casa. El 2-2 en la prórroga hizo aparecer los fantasmas. España dominaba, pero los italianos no se rendían. Hasta que se obró el milagro. Un final de tragicomedia enmudeció el pabellón. In extremis, Foglia se introdujo el balón en su propia porteria cuando ya no quedaba tiempo. La final estaba servida.

Pero esta vez el éxito no se repetió. Todos conocemos su final. La ruleta de los 6 metros decidieron un Mundial. Brasil recuperó la corona perdida hacía 8 años en Guatemala ante una selección, España, en la que todos y cada uno de sus componentes brilló con luz propia. La plata no esconde un nuevo éxito de la roja. Perder sólo dos de las últimas 11 finales internacionales tiene su mérito. Y hacerlo en un Maracanazinho hostil, levantando por dos veces un marcador en contra y cayendo en los penaltis, le añade un plus de heroicidad que tan sólo nuestra selección de futsal conoce.

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