La undécima medalla de los Juegos ya es española. Ha sido una de las más madrugadoras y ha merecido la pena. La vela, de la mano de Fernando Echávarri y Antón Paz, ha logrado su primer oro (cuarto de la delegación española) después de que en el 49er los jueces, paradójicamente, optaran por privar a los españoles de un oro más que merecido.
Esta vez ha sido en la clase Tornado, en donde los dos pontevedreses partieron en la última regata, la Medal Race, con las ideas muy claras. Sabían que controlando los más que probables ataque de Australia y Argentina, sus dos grandes rivales en la pelea por las preseas, el último oro olímpico de la especialidad pasaría a engrosar el medallero nacional.
Dicho y hecho. Sin arriesgar en exceso, los de las Rías Baixas, superaron una complicada meteorología (no tanto como la que condicionó la final del 49er en la que se consumó el atraco), para virar en la primera baliza al mando de la prueba. El paso definitivo hacia el oro lo dieron en la primera empopada. Con los australianos y los argentinos soñando con una remontada épica diseñando una ruta alternativa en el campo de regatas, Echávarri y Paz se permitieron el lujo de relajar su ritmo, dejar que británicos y canadienses se disputaran el triunfo de la última regata y, desde la cuarta plaza, que al estar por delante de australianos y argentinos les daba el oro, hacer frente a sus estrategias.
Volaron hacia el oro con mano firme. Tanto que la pelea de los dos rivales españoles acabó centrándose en la lucha por la medalla de plata. El oro ya tenía dueño. El oro era español.
Foto | As


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