Drugs don't work

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Marion Jones“Las drogas no funcionan”, siempre me ha gustado este slogan (¿recuerdan la famosa advertencia al iniciar un juego en las recreativas de hace unos años?). Y es que en los últimos días está en boca de todos el caso de Marion Jones. La mejor velocista del planeta tendrá que pasar seis meses en prisión y prestar 800 horas de trabajos comunitarios por doparse, por consumir ese dichoso producto de la compañía BALCO, por llegar a ser un deportista de élite sin merecerlo. Y la verdad es que resulta triste en su caso, ya que ha esta mujer no le hacía falta coger estos “atajos” para ser una de las principales referencias del atletismo. En breve repaso a su biografía vemos que a los 15 años se situó entre las 20 primeras del ranking universal en el hectómetro y en poco más de un año incluso rozó incluso la clasificación para los Juegos Olímpicos de Barcelona’92. Pese a esto siguió jugando al baloncesto con la Universidad de Carolina del Norte, logrando el título nacional en 1994. Fue al final de esa temporada cuando decidió centrarse en el altletismo. Tenía una talento natural y no predisposición física excelentes para conseguir superarse y batir récords… pero decidió tirar por el camino fácil. Lo resume muy bien el juez que ha llevado el caso, Kenneth Karas:

Es necesario que se promueva de una vez por todas el respeto a la ley, que es igual para todos. Los atletas tienen un ‘status’ elevado en la sociedad. Entretienen, inspiran y, quizás más importante, sirven como modelos de conducta y la ley no puede tener atajos para nadie”

De nada han servido sus súplicas y solicitudes de clemencia, a los tramposos se les castiga y punto. ¿Dónde quedó para los deportistas aquel “Citius, Altius, Fortis” (Más rápido, más alto, más fuerte) que motivaba a los deportistas a ir al límite y a alcanzar la realización personal y deportiva? Hoy día parece que un grupo de deportistas sólo quieren la fama y la gloría sin importar los medios. Aunque estos acarreen efectos secundarios que puedan repercutir en su salud (más de lo que el deporte de élite lo hace por si solo). Hace tiempo discutía con un compañero de trabajo aficionado al ciclismo sobre estos temas en pleno Tour de Francia. Él, aficionado a este deporte, lo practicó en su juventud dándosele bastante bien, pero su progresión terminó cuando se llegó al punto de “empezar a meterse cosas”. Aquí es donde abandonó su deporte, donde muchos fuera de serie dejan de sentir pasión por lo que hacen, amargados por los tramposos.

Por otro lado hablamos de la hipocresía que se vivía en esos momentos en el mundo del ciclismo, donde todos se dopaba casi sin excepción o al menos se “ayudaban” de forma no natural. Curiosa me pareció su apreciación, extensible a otros deportes, en la que no le parecía inmoral el dopaje con productos prohibidos en la fase de entrenamiento. Pensándolo detenidamente me parece estar en las mismas, aunque al menos sería un mal menor. No obstante el titular más repetido en el caso de la Sra. Jones, y de otros tantos otros deportistas en esta tesitura, es el que reza “Del cielo… al infierno”, y aunque tópico es cierto, no creo que sea agradable alcanzar el éxito y la fortuna momentánea para luego ser tratado como un parásito y un mentiroso.

Y es que, con un ejemplo, diganme ustedes qué prefieren ¿Recordar a un Marco Pantani subiendo esas rampas casi imposibles como una locomotora, o bajo las sospechas de dopajes, sobredosis y, a fin de cuentas, dejándolo como un tramposo?

Vía | Sport
Foto | CadenaSer

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