Un anillo para dominar el mundo

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GAsolYa lo tenemos aquí. Más allá del éxito colectivo logrado por la Selección Española de Baloncesto durante el mundial de Japón, Pau Gasol colocó de nuevo en la élite al baloncesto nacional en la madrugada del 15 de junio. Ocho años después de llegar a la NBA, ocho años después de abandonar la ACB para seguir los pasos del malogrado Fernando Martín, el chico espigado de Sant Boi ha sumado con Los Angeles Lakers a su palmarés el título que todos los que juegan al básquet quieren: el anillo de la NBA.

La alegría, en estos casos, suele ser doble por la entidad del protagonista. Si hay alguien que reúna el apoyo unánime de todo aficionado al deporte español (tan dado a críticas furibundas sin justificación real) ese es, o al menos uno de ellos, Pau Gasol.

Desde que hiciera las maletas, todos le hemos seguido como si fuera nuestra su carrera. Nos hemos comprado camisetas de Memphis primero y de los Lakers después; nos lamentamos de las derrotas de los Grizzlies y aplaudimos sus victorias; anhelamos durante mucho tiempo su salto a un grande y soñamos con el anillo cuando se fue a Los Angeles.

Y si la afición no le falló, él tampoco falló a la afición. Siempre se ha mostrado como un deportista cercano, consciente del apoyo que todo España le enviaba día a día. Dijo sí a la selección pese a que en la NBA le recomendaban lo contrario. Ganó el mundial en el banquillo, una pena que, en Los Angeles, ha tenido su recompensa.

Y si en los malos momentos se ha acordado de dónde viene, en los buenos no podía ser menos y uno de sus primeros recuerdos ha sido ese, el de la gente que día a día le ha seguido. Y el baloncesto español llora de alegría y amenaza con sumar otro Príncipe de Asturias de los deportes.

Foto | El País

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