Hungría: primer y último tropiezo (28-35)

Raúl Morón 18 de enero de 2008 0 comentarios

España-HungriaEuropeo2008Así no. No se puede comenzar un Europeo donde hay tanto en juego con una derrota tan humillante como la sufrida ante Hungría. Ni siquiera es de las favoritas, pero aún y así nos vencieron con cierta comodidad y de siete goles de diferencia (28-35). Con José Manuel Sierra aupado a la titularidad por las consecutivas lesiones de Barrufet y Hombrados, España ha arrancado este Europeo con serias dudas en todas las líneas, quizás mermados por tanto cambio de última hora. Ni Sierra ejerció el dominio bajo los palos que se esperaba (no fue ni la sombra de lo que es en el BM Valladolid), ni Chema Rodríguez encontró la forma de agitar su batuta, ni Íker Romero se erigió como ese hombre desestabilizador en el ataque. Ayer no ocurrió nada sobre la pista que nos recordara a una España que pudiera alcanzar el medallero.

Más bien todo lo contrario. Imprecisiones, dudas, rostros desencajados, impotencia… Arrancó el partido con las fuerzas igualadas, pero ya de inicio se vio que España no iba a tener su día. Los de Juan Carlos Pastor bailaban sobre la pista desubicados, inhertes, atontados. El portero húngaro Puljezevic pujó fuerte e hizo lo inviable para desmoronar más a la Selección. Si Laluska y Nagy arremetían con sus aguijones desde los laterales como avispas feroces, sus homólogos españoles, Rocas y Juanín, no se asemejaban ni a una triste mosquita. Si a la inoperancia ofensiva le sumas un timón roto (Chema) y un portero desafortunado (Sierra), el resultado no puede ser otro que el que se dio.

Y con esta derrota, las opciones de España se reducen considerablemente. No sólo el primer puesto de grupo suena a utopía, sino que las posibilidades de clasificarse para la siguiente ronda son bastante inferiores. Un tropiezo contra Hungría no entraba, ni mucho menos, en los planes de nadie. Y es que otro desliz ante la débil Bielorrusia sería saludar a Pekín desde la barrera, y una puntilla de Alemania significaría marcharnos para casa con una carga sobre las espaldas con la inscripción “Humillación” en mayúsculas. No valen más excusas, no se pueden cometer más errores, no más tropiezos. Mañana, a aplastar a Bielorrusia, el domingo a humillar a la vigente campeona del mundo, y esto se habrá olvidado. Aunque mucho me temo que no será tan fácil como escribirlo.

Vía y Foto | Eurosport

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